martes, 4 de marzo de 2014

SALAM SHALOM


«Nuestros rabinos han enseñado: si (se ha declarado una) epidemia en una localidad, nadie debe andar por el centro de los caminos, porque el ángel de la muerte va por el centro de  los caminos, ya que, habiendo obtenido permiso (para matar), va por el camino ostensiblemente. Por el contrario, si hay paz en una localidad, nadie debe andar por los bordes de los caminos, porque (el ángel de la muerte), al carecer de permiso, va por ellos sigilosamente» (TALMUD; Nezikín, Baba Qamma 60b)
En el marco del Programa escolar para promover el aprendizaje de los Derechos Humanos, nuestro IES ha tenido la fortuna de contar con la colaboración de la UNRWA, a través de la actividad titulada “Aproximación a la condición de los refugiados de Palestina”. Este planteamiento nos ha servido para abordar los DD.HH. desde una perspectiva histórica, en la que no han faltado los testimonios personales (Carlos Hernández, Fady Salfiti, Agmed y Hamira y Héctor Grad). A todos ellos les estamos muy agradecidos por su interesante análisis del conflicto de Oriente Medio, en un caso desde la experiencia directa de sus consecuencias, y, en el otro, desde el estudio teórico de la diversidad confesional, ideológica y étnica de las comunidades en liza.
«[…]Soy una niña refugiada y vivo con mis padres. Mi nacionalidad es palestina […] Con el saber defenderé mi patria. Con el saber venceré a mi enemigo. Oíd estados musulmanes. Oíd estados que creéis en Dios. ¿Hay alguien que quiera contestar a esta refugiada?» (Muna Taya, niña refugiada de Palestina)

En 1947/8, al tiempo que es aprobada la Declaración Universal Declaración Universal de Derechos Humanos, se crea el Estado de Israel, anhelado por los judíos desde que en 1886 T.Hertzl publicara El Estado judío; y tan solo un par de años más tarde (el 11 de mayo de 1949) ingresa como miembro de las Naciones Unidas. Por su parte, los territorios palestinos fueron reducidos a la soberanía de otro Estado, Jordania, y únicamente ahora han alcanzado el status de observador.
Desde entonces el conflicto palestino-israelí no ha dejado de ramificarse hasta el punto de formar un entramado de discordancias difícilmente reconciliables. En primer lugar, se trata de un conflicto de carácter nacional que se manifiesta en forma de peculiar “guerra civil” entre ciudadanos y apátridas. En segundo lugar, es también una disputa regional puesto que, al ser el judío un Estado de reciente creación (aunque con raíces históricas) y, en consecuencia, geográficamente artificial, toda la inestable región del llamado Oriente Próximo se ha visto involucrada en sus pretensiones expansionistas (es el caso de las luchas contra Egipto, Jordania, Siria,… por territorios fronterizos). Y en tercer lugar, alcanza el nivel de conflicto internacional dado que, habiendo sido un Estado creado por las Naciones Unidas a partir de un protectorado británico, en la situación actual están concernidos, o deberían estarlo, todos los países que se inscriben en el seno de dicha organización.       
En su nivel nacional, el problema se enmarca en una solución sobre todo de orden político. De una parte, es necesaria la creación de un Estado democrático palestino para estar en igualdad de condiciones con el Estado de Israel en el momento de iniciar la negociación. Y de otra, es imprescindible que el Estado de Israel redefina las pretensiones universalistas del SIONISMO y su grado de compatibilidad con los estamentos religiosos judíos.
Otra perspectiva ofrece el nivel regional del problema, más cercano a una disputa religiosa. Es en este punto donde la exigencia de que la población ortodoxa judía se convierta en una ciudadanía democrática, a fin de que no siga marcando, siendo una minoría, el rumbo de la política israelí, se impone como necesaria; en la misma medida que lo es también el que se lleve a cabo un férreo control de los islamistas más radicales por parte de la ANP. Para ello sería muy importante establecer la ciudad santa de Jerusalén como zona neutral bajo administración de las Naciones Unidas.
Por último, en su nivel internacional, el problema ha de ser tratado con un enfoque más económico. En este punto es donde la UNRWA juega un papel decisivo. Desde 1950 atiende a los ya más de 4 millones y medio de personas que residían en Palestina entre junio de 1946 y mayo de 1948, incluidos sus descendientes, garantizando los servicios sociales básicos a TODA la población, al margen de su carta de ciudadanía. Mientras tanto la población judía se beneficia de los acuerdos económicos preferenciales con la U.E.

Pues bien, tras unos inicios poco prometedores, los años noventa han estado plagados de tímidos acercamientos (como el Acuerdo de Oslo en 1993), que hacen vislumbrar un futuro algo más optimista en el que “el ángel de la muerte no vaya por los caminos ostensiblemente” y los niños refugiados obtengan respuesta. Aunque quizá sea un vana ilusión: «La alcaldía de Jerusalén anunció que desalojará un edificio construido ilegalmente por colonos judíos en el corazón de un barrio predominantemente palestino, pero también dijo que demolerá decenas de viviendas palestinas erigidas sin autorización en la misma zona» (Noticia del jueves, 4 de febrero, de 2010)

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