«Nuestros
rabinos han enseñado: si (se ha declarado una) epidemia en una localidad, nadie
debe andar por el centro de los caminos, porque el ángel de la muerte va por el
centro de los caminos, ya que, habiendo
obtenido permiso (para matar), va por el camino ostensiblemente. Por el
contrario, si hay paz en una localidad, nadie debe andar por los bordes de los
caminos, porque (el ángel de la muerte), al carecer de permiso, va por ellos
sigilosamente» (TALMUD; Nezikín, Baba Qamma 60b)
En el marco del Programa escolar para
promover el aprendizaje de los Derechos Humanos, nuestro IES ha tenido la
fortuna de contar con la colaboración de la UNRWA , a través de la actividad titulada “Aproximación
a la condición de los refugiados de Palestina”. Este planteamiento nos ha
servido para abordar los DD.HH. desde una perspectiva histórica, en la que no
han faltado los testimonios personales (Carlos Hernández, Fady Salfiti, Agmed y
Hamira y Héctor Grad). A todos ellos les estamos muy agradecidos por su interesante
análisis del conflicto de Oriente Medio, en un caso desde la experiencia
directa de sus consecuencias, y, en el otro, desde el estudio teórico de la
diversidad confesional, ideológica y étnica de las comunidades en liza.
«[…]Soy
una niña refugiada y vivo con mis padres. Mi nacionalidad es palestina […] Con
el saber defenderé mi patria. Con el saber venceré a mi enemigo. Oíd estados
musulmanes. Oíd estados que creéis en Dios. ¿Hay alguien que quiera contestar a
esta refugiada?» (Muna Taya, niña refugiada de Palestina)
En 1947/8, al tiempo que es aprobada la Declaración Universal Declaración Universal de Derechos Humanos, se crea el Estado de Israel, anhelado por los judíos desde
que en 1886 T.Hertzl publicara El Estado
judío; y tan solo un par de años más tarde (el 11 de mayo de 1949) ingresa
como miembro de las Naciones Unidas. Por su parte, los territorios palestinos
fueron reducidos a la soberanía de otro Estado, Jordania, y únicamente ahora han
alcanzado el status de observador.
Desde entonces el conflicto palestino-israelí
no ha dejado de ramificarse hasta el punto de formar un entramado de
discordancias difícilmente reconciliables. En primer lugar, se trata de un
conflicto de carácter nacional que
se manifiesta en forma de peculiar “guerra civil” entre ciudadanos y apátridas.
En segundo lugar, es también una disputa regional
puesto que, al ser el judío un Estado de reciente creación (aunque con raíces
históricas) y, en consecuencia, geográficamente artificial, toda la inestable
región del llamado Oriente Próximo se ha visto involucrada en sus pretensiones
expansionistas (es el caso de las luchas contra Egipto, Jordania, Siria,… por
territorios fronterizos). Y en tercer lugar, alcanza el nivel de conflicto internacional dado que, habiendo sido
un Estado creado por las Naciones Unidas a partir de un protectorado británico,
en la situación actual están concernidos, o deberían estarlo, todos los países
que se inscriben en el seno de dicha organización.
En su nivel nacional, el problema se
enmarca en una solución sobre todo de orden político. De una parte, es necesaria la creación de un Estado
democrático palestino para estar en igualdad de condiciones con el Estado de
Israel en el momento de iniciar la negociación. Y de otra, es imprescindible
que el Estado de Israel redefina las pretensiones universalistas del SIONISMO y
su grado de compatibilidad con los estamentos religiosos judíos.
Otra perspectiva ofrece el nivel regional
del problema, más cercano a una disputa religiosa.
Es en este punto donde la exigencia de que la población ortodoxa judía se
convierta en una ciudadanía democrática, a fin de que no siga marcando, siendo
una minoría, el rumbo de la política israelí, se impone como necesaria; en la
misma medida que lo es también el que se lleve a cabo un férreo control de los
islamistas más radicales por parte de la ANP. Para ello sería muy importante establecer la
ciudad santa de Jerusalén como zona neutral bajo administración de las Naciones
Unidas.
Por último, en su nivel internacional, el
problema ha de ser tratado con un enfoque más económico. En este punto es donde la UNRWA juega un papel
decisivo. Desde 1950 atiende a los ya más de 4 millones y medio de personas que
residían en Palestina entre junio de 1946 y mayo de 1948, incluidos sus
descendientes, garantizando los servicios sociales básicos a TODA la población,
al margen de su carta de ciudadanía. Mientras tanto la población judía se
beneficia de los acuerdos económicos preferenciales con la U.E.
Pues bien, tras unos inicios poco prometedores, los
años noventa han estado plagados de tímidos acercamientos (como el Acuerdo de
Oslo en 1993), que hacen vislumbrar un futuro algo más optimista en el que “el
ángel de la muerte no vaya por los caminos ostensiblemente” y los niños
refugiados obtengan respuesta. Aunque quizá sea un vana ilusión: «La alcaldía de Jerusalén anunció que
desalojará un edificio construido ilegalmente por colonos judíos en el corazón
de un barrio predominantemente palestino, pero también dijo que demolerá
decenas de viviendas palestinas erigidas sin autorización en la misma zona» (Noticia del jueves, 4 de febrero, de 2010)
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